Historia del Perú Más Estudiados
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By Juler Atencio | | Posted in , , | With 0 comments
A partir de 1845, con la llegada de Ramón Castilla a la presidencia, el Perú inició un período de relativa calma política debido a que ahora los gobiernos gozaron de un ingreso económico inesperado: el guano de las islas. La exportación de este famoso fertilizante se hizo posible a la gran demanda de Norteamérica y Europa  por elevar su producción agrícola debido al crecimiento demográfico.

Hasta el estallido de la Guerra con Chile (1879) el Perú exportó entre 11 y 12 millones de toneladas de guano que generaron una ganancia de 750 millones de dólares. De ellos el estado recibió como propietario del recurso el 60%, es decir, una suma considerable para convertirse a través de inversiones productivas en el principal agente del desarrollo nacional.

Si calculamos la importancia del guano en la economía de la época podríamos decir que, cuando Castilla hizo el primer presupuesto para los años 1846-1847, la venta del fertilizante representaba el 5% de los ingresos totales; años más tarde, entre 1869 y 1875, el guano generaba el 80% del presupuesto nacional. Con esta inusual bonanza, luego de 20 años de anarquía y estancamiento, se podía recuperar el tiempo perdido: atraer la inversión e iniciar una vasta política de obras públicas para modernizar al país.

El resultado final no fue tan alentador. El dinero generado por el guano fue destinado a rubros casi improductivos: crecimiento de la burocracia, campañas militares, abolición del tributo indígena y de la esclavitud, pago de la deuda interna y saneamiento de la deuda externa. Solo la construcción de los ferrocarriles y algunas inversiones en la agricultura costeña (caña de azúcar y algodón para la exportación) escaparon a este desperdicio financiero.

Hacia 1870 las reservas del guano se habían prácticamente agotado y el Perú no estaba preparado para este colapso, cargado como estaba con la deuda externa más grande de América Latina (37 millones de libras esterlinas). Fue entonces que el país pasó, como tantas veces en su historia, de millonario a mendigo, sin nada que exhibir en términos de un progreso económico. El Perú no había podido convertirse en un país moderno con instituciones civiles sólidas.

La razón de este fracaso ha sido explicada por la falta de una clase dirigente. Tanto los militares como los civiles surgidos bajo esta bonanza no pudieron elaborar un proyecto nacional coherente. Dirigieron su mirada hacia el extranjero, apostaron por el libre comercio y compraron todo lo que venía de Europa arruinando la escasa producción o “industria” local. Con muy pocas excepciones se convirtieron en un grupo rentista sin vocación por la industria.

En especial los civiles no habrían podido convertirse en una “burguesía” decidida, progresista o dirigente. Aunque, como ya hemos mencionado, hubo al interior de esta élite gente que, como Manuel Pardo, imaginaron un desarrollo alternativo para el país. Pardo fundó el Partido Civil y en 1872 se convirtió en el primer presidente que no vestía uniforme militar. Su programa insistía en la necesidad de institucionalizar el país, fomentar la educación y construir obras públicas. Ya en el poder poco es lo que pudo hacer: el país se encontraba ahogado en su crisis debido al derroche de los años anteriores.

Lima y la costa se beneficiaron de la bonanza guanera. El resto del país, esto es, los grupos populares y las provincias del interior, vivieron al margen de esta “prosperidad falaz” continuando en un mundo arcaico, especialmente la población andina. En 1879, quebrado y dividido, el Perú tenía pocas posibilidades de salir airoso en la Guerra del Pacífico. 
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El 5 de abril de 1879 Chile declaró la guerra al Perú e inmediatamente bloqueó el puerto salitrero de Iquique. Así empezaba la llamada Guerra del Pacífico, una contienda larga, sangrienta y agobiante. En 1873 se había preparado en descenlace definitivo cuando el Perú firmó un tratado secreto de alianza con Bolivia, documento que fue el pretexto para que el Perú ingresara al lado de este país, en el conflicto contra Chile.

Quizás la guerra estaba perdida desde que el Perú quedó en franca desventaja militar frente a Chile cuando en 1874 el presidente Manuel Pardo, por medidas de austeridad debido a la crisis económica,  autorizó la reducción de los efectivos del ejército y la marina, y no llevó adelante la construcción de un par de buques blindados contratados por su antecesor José Balta.

Pero la derrota no sólo se debió a la débil condición militar sino también, como lo escribió alguna vez Jorge Basadre, al desorden político, a la falta de integración social y al despilfarro económico del siglo XIX que convirtieron tan vulnerable a un país con grandes posibilidades de desarrollo .

Las causas del conflicto armado entre Perú, Bolivia y Chile fueron básicamente económicas: el control del salitre. Se trataba de un nitrato que se exportaba como fertilizante y como insumo para explosivos. De un lado estuvo Chile intentando apoderarse del rico territorio salitrero en el desierto de Atacama que en el derecho internacional no le pertenecía; y del otro, Perú y Bolivia, intentando, dramáticamente, de defenderlo.


Pero esta situación no fue circunstancial. El control territorial del Atacama estuvo, desde los inicios de la explotación salitrera, en manos de empresarios chilenos y capitales británicos. La distancia geográfica, la anarquía política y la endémica crisis económica hicieron que el control peruano y boliviano sobre su riqueza salitrera fuese poco efectiva o incluso inexistente en el caso de Bolivia.

Iniciado formalmente el conflicto el Perú tuvo su primer revés en el mar. En los combates de Iquique y Angamos se perdieron a los dos únicos acorazados que teníamos para defender 4.800 kilómetros de litoral: la fragata Independencia y el monitor Huáscar. También perdimos a Miguel Grau, el máximo héroe nacional. Una vez controladas las rutas marinas las fuerzas chilenas se apoderaron de las provincias del sur, incluyendo Tarapacá, muy rica en salitre.

A pesar de estar política y militarmente arruinado el Perú se negó a capitular. Por ello un potente ejército de 3 mil hombres al mando de Patricio Lynch fue enviado a invadir la costa norte para “castigar” y someter a la población saqueando las plantaciones de caña de azúcar privando al Perú del único recurso económico que le quedaba para continuar la guerra. Aún así los peruanos continuaron el combate y luego de las batallas de San Juan y Miraflores 25 mil chilenos ocuparon Lima pero la encontraron sin gobierno alguno con el que negociar la rendición.  

Nicolás de Piérola, quien había asumido poderes dictatoriales tras el polémico viaje de Mariano I. Prado a Europa, se retiró a la sierra (Ayacucho) para continuar su gobierno y resistir al invasor.  El país no lo apoyó y, en Lima, una asamblea de notables eligió presidente al civil Francisco García Calderón. Éste se negó a firmar la paz con Chile con entrega de territorios. García Calderón, como muchos otros líderes políticos, terminó cautivo en Chile. En la sierra central Andrés A. Cáceres inició una feroz resistencia comandando tropas campesinas en la célebre Campaña de la Breña. Tras algunas victorias terminó derrotado en Huamachuco. Por su lado Miguel Iglesias, luego de su triunfo en San Pablo, pidió al país desde Montán (Cajamarca) firmar la paz con Chile bajo cualquier condición. Ya proclamado presidente, Iglesias firma con el enemigo en Tratado de Ancón (1883) donde se cedía definitivamente Tarapacá y se entregaba, por espacio de 10 años, las provincias de Tacna y Arica. Un plebiscito, que nunca se realizó, debía decidir el futuro de ambas. Las tropas chilenas recién dejarían nuestro territorio en 1884.
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El golpe preparó el camino para uno de los gobiernos militares más ambiciosos de América Latina. La Junta Militar, presidida por Velasco (1968-1975), declaró de inmediato su intención de efectuar cambios de largo alcance en las bases de la sociedad y la economía.

Este nuevo orden, “ni capitalista ni comunista”, intentaba crear un sistema que aboliera las desigualdades y creara las condiciones necesarias para la armonía, la justicia y la dignidad. Toda una incoherencia, pues se intentaba realizar aquello desde el autoritarismo y, muchas veces, fomentando el odio entre el pueblo y los “privilegiados”.

Una de las claves del proyecto fue la reforma agraria en 1969. Todos los grandes latifundios, sin tener en cuenta su productividad, fueron expropiados. La medida se sintió primero en las plantaciones de la costa norte y central, muy mecanizadas, que se colocaron bajo la administración de cooperativas de trabajadores. En la sierra la idea era crear granjas pequeñas o medianas, pero pronto el gobierno cedió a las demandas campesinas por organizar allí también cooperativas. Hacia 1975, las ¾ partes de la tierra productiva del país se encontraba gestionada por estas asociaciones.


En 1971 se creó el Sistema de Apoyo a la Movilización Social (SINAMOS) para vincular al régimen con las organizaciones campesinas y obreras. En realidad fue un método para manipular a las masas en beneficio de la dictadura. Una de sus tareas fue afrontar el problema de las barriadas que se extendían alrededor de Lima y otras ciudades. Sólo en la capital vivían 750 mil migrantes. La situación era explosiva y se decidió crear los pueblos jóvenes. Parte de la “solución” fue repartir títulos de propiedad a los recién llegados.

Este modelo de organización y movilización desde arriba pretendía establecer las bases de la industrialización y el desarrollo económico reduciendo el conflicto social. Una suerte de estado corporativo. Este principio se vio en el sector fabril al crearse la “comunidad industrial”. La idea era convertir progresivamente a los trabajadores en copropietarios con los empresarios. En 1974 había 3.500 comunidades industriales con 200 mil obreros que controlaban el 13% de las acciones de sus empresas.  

De otro lado se emprendió una serie de medidas para reducir el papel del capital extranjero que controlaba, en 1968, el 44% de la producción industrial. Esto era inaceptable para los militares. La primera medida fue la nacionalización de la IPC creándose Petroperú.

Otras compañías, en su mayoría de capital norteamericano, también fueron expropiadas siendo reemplazadas por empresas estatales. En 1974 el régimen aceptó, ante la presión de Washington, pagar 150 millones de dólares a las empresas afectadas. Ahora Estados Unidos dejaría de oponerse a la concesión de créditos al Perú.

A pesar de su populismo, la dictadura velasquista encontró resistencia interna. Los gremios de trabajadores sintieron que las reformas no satisfacían sus demandas y empezaron a presionar. Los grupos despojados, a su vez, no ocultaron su horror ante las medidas. La respuesta de los militares fue controlar los medios de comunicación. Poco a poco se confiscaron los periódicos, la radio y la televisión. Sin libertad de prensa los adversarios del régimen fueron intimidados, encarcelados o exiliados.

La situación económica terminó derrumbando a Velasco. Cayeron las exportaciones (cobre, azúcar y harina de pescado) y no se descubrieron nuevos yacimientos de petróleo. Aumentaron el déficit presupuestal y la deuda externa. Al asomarse la inflación el descontento popular se manifestó: en 1975 hubo 779 huelgas, incluyendo el famoso saqueo en el centro de Lima el 5 de febrero favorecido por una huelga policial.

Un golpe al interior de las Fuerzas Armadas puso en la presidencia al general Francisco Morales Bermúdez (1975-1980). Su gobierno buscó corregir el experimento velasquista. SINAMOS casi desapareció y se negoció con el Fondo Monetario Internacional un programa de ajuste económico. Se promulgó el Plan Túpac Amaru que anunciaba el retorno a la democracia, el fomento a la inversión externa y la trasferencia de la prensa a sus legítimos dueños. Todo debía hacerse progresivamente.


En 1978 se convocó a elecciones para instalar una Asamblea Constituyente. Presididos por Haya de la Torre, los constituyentes promulgaron en 1979 una nueva Constitución que debía entrar en vigencia a partir de 1980. Una de sus novedades fue otorgar el voto a los analfabetos.
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Los Presidentes del Perú, RICARDO PEREZ GODOY (1962-1963).

Nació el 9 de mayo de 1905 en Lima. Ingreso a la Escuela Militar en 1924, y al finalizar sus estudios obtuvo el grado de alférez de caballería. Ocupo el primer puesto en la promoción de su arma. En sus estudios obtuvo el diploma de Estado Mayor, y ejerció la docencia en la Escuela Superior de Guerra.

Durante su carrera militar se desempeñó como agregado militar de la Embajada del Perú en la República de Bolivia, jefe de Estado Mayor de la Primera División del Ejército, jefe político y militar de la Tercera División Ligera, jefe de la Dirección General de Instrucción Militar, controlador general del ejército, comandante general del mismo y presidente del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. Como tal asumió la jefatura de la Junta de Gobierno que derroco, el 18 de julio de 1962, al presidente Manuel Prado.


El alzamiento tuvo como finalidad una nueva convocatoria a elecciones, en tanto el candidato más favorecido en los comicios realizados ese año, Víctor Raúl Haya de la Torre, solo había obtenido 36% de los votos válidos, dependiendo la decisi6n final del Congreso, en el cual se había producido una alianza pretendidamente contraria a la voluntad ciudadana.

Los miembros de su junta de gobierno fueron el general de división Nicolás Lindley, el teniente general FAP Pedro Vargas Prada y el vicealmirante Juan Francisco Torres Mantos, Fue acusado de planear quedarse en el poder por mas tiempo de lo establecido, y por ello fue desalojado del Palacio de Gobierno el 3 de marzo de 1963, por el general Nicolás Lindley, luego de siete meses de presidir la Junta.


Durante su gobierno se fund6 la Casa de la Cultura (llamada desde 1971 Instituto Nacional de Cultura); en cuanto a lo laboral, al mes siguiente de haber asumido la presidencia, decreta la Ley de fijación de salario mínimo, según las actividades económicas desarrolla-das. Determine, adenias el tiempo de jubilación de los maestros y empleados del Estado a los 25 años de servicio. Fue distinguido con la Orden Militar de Ayacucho en el grado de Gran Cruz y recibió condecoraciones y distinciones de los gobiernos de Chile, Bolivia, Paraguay y la Santa Sede. Falleció en julio de 1982 en Lima.
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Los Nazca fueron herederos de los Paracas Necrópolis en lo que se refieren a la técnica para la elaboración de finísimos mantos o telas, aunque no de la misma calidad y suntuosidad de los acabados.
Los nazcas utilizaron para la elaboración de sus tejidos: algodón y lana de camélidos. En el apogeo del arte textil Nazca se aprecian cambios radicales en cuanto a diseño, composición y técnica donde sobresale la iconografía con imágenes estilizadas complejas, creándose incluso composiciones no figurativas abstractas (rectángulos, grecas escalonadas, círculos, franjas, diseños cursivos, etc).
A finales del desarrollo cultural Nazca se empieza a notar la influencia foránea en lo tocante a la técnica haciéndose uso de una mayor cantidad de hilos para el tejido. 


De la misma manera, los colores dejan de ser intensos y contrastantes para dar paso a líneas blancas que delinean las figuras; los repertorios iconográficos sufren una "compresión lateral" y aparecen las técnicas de teñido por reserva conocido como "tye die" y "patch work". La Orfebrería
Utilizaban el oro y la plata para hacer máscaras, orejeras, narigueras y otros objetos rituales, adornados por medio del repujado, ya que eran láminas. Estos objetos eran para usos ceremoniales y/o religiosos.
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Fue su obra más representativa, el cual representaba al dios Naylamp (divinidad ornitomorfa) a través de la forma de ave. Se trata de un tipo  de cuchillo ceremonial de Illimo. Estaba construido en oro con incrustaciones de soldadita (metal de baja ley) y utiliza como elementos ornamentales: Turquesas y Concha Perlas.
En su estructura el Tumi era: de dos planchas, anterior y posterior, dichas planchas eran delgadas hechas a golpes sobre superficie plana; además las planchas eran soldadas para formar una estructura vacía en el centro. 

En la aureola es decir en la parte superior de la cabeza se nota que estaba hecho por un semicírculo divido en 5 espacios concéntricos, así mismo se determino que la zona del borde es estrecha y perlada (sector compuesto por 12 elementos decorativos  en forma de S), zona perlada muy estrecha que sirve de división entre los espacios,  zona geométrica basándose en los triángulos tallados, zona constituida por 8 círculos concéntricos en cuyo interior incrustaban turquesas y por ultimo cerraba la decoración un semicírculo  en alto relieve.
Con respecto a su rostro; este representaba un rostro humano con características de aves (antropomorfo), los ojos circulares y profundos y de forma ornitorringe (forma de ave), nariz en forma de ave, boca pequeña y rectangular y de cada lado penden dos orejas pegadas al rostro. 

Además la cara es más pequeña que la aureola. Y por ultimo el cuerpo: este tenia la cabeza pequeña unida a un cuerpo también pequeño y rectangular, en donde los brazos eran  pequeños, rígidos y pegados al  cuerpo con las manos abiertas, de los hombros  salen dos alas estilizadas en forma rectangular, el  cuerpo termina en borde estilizado a manera de vestido, sus pies son muy pequeños de manera rígida y rectangular.
Por ultimo cabe recalcar que la segunda parte del Túmi esta constituida por un cuchillo ceremonial de dos sectores: una parte rectangular manera de empuñadura y una parte semicircular que concuerda con la aureola superior, formando  un conjunto  unitario.
Las técnicas de orfebrería para trabajar el Tumi era: tallado, repujado, filigrana y soldadura y que para trabajarlo adecuadamente se utilizo instrumentos como  martillos de madera o de metal.
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TEXTILERIA CHIMU
La textileria chimú destaca por la versatilidad de técnicas, por su iconografía y por su belleza estética. El hilado consiste en la práctica manual y elemental de unir un conjunto de hilos pequeños para poder lograr un hilo largo y continuo, en esta labor inicial de la textileria se utilizaron diversos instrumentos como el huso.
El huso, es un instrumento manual confeccionado de una varita pequeña y delgada que generalmente se va adelgazando a ambos extremos; se lo emplea junto a un tortero o piruro que se inserta en la parte inferior para que haga contrapeso. Se empieza a hilar tomando de la rueca (donde se ha fijado la fibra que se va a hilar) algunas fibras que son fijadas en el huso que se lo hará girar rápidamente entre el pulgar, el cordial y el índice para lograr enrollar y torcer las fibras ininterrumpidas.
Cuando ya se había obtenido los hilos necesarios se empezaba el tejido ósea el entrecruzamiento o combinación de los hilos para hacer las telas.
Los Chimú confeccionaron telas, gasas, brocados, bordados, telas dobles, telas pintadas, etc. Algunas veces los textiles fueron adornados con plumas y placas de oro y plata, los colorantes se obtuvieron de ciertas plantas que contenían tanino, del molle y del nogal; de minerales como la arcilla ferruginosa y el mordiente de aluminio y de animales como la cochinilla. Las prendas se confeccionaron de la lana de cuatro animales; el guanaco, la llama, la alpaca, y la vicuña y de la planta de algodónnativo que crece en forma natural en siete colores diferentes. La vestimenta de los Chimú consistió en taparrabos, camisas sin mangas con o sin flecos, pequeños ponchos, túnicas, etc.
En la iconografía de los textiles Chimú aparece un personaje central que tiene la cabeza separada del cuerpo. Este ser antropomorfo suele ser simétrico, tiene los brazos extendidos, los pies y las manos dirigidas hacia los lados y casi siempre lleva aretes y un gran tocado en forma de media luna. Su identidad es una incógnita, aunque se dice que tal vez representa a la divinidad de la portada del sol de Tiahuanaco.
Otra imagen que aparece con frecuencia en la iconografía del arte textil Chimú es la de un animal aparentemente felinico que se muestra encorvado.
Su origen se remonta  a la iconografía Moche y Recuay. Generalmente se le  encuentra sentado, su piel de caimán, la lengua de lagarto y tiene cresta y cola que se asemejan a la de un animal prehistórico, a este personaje se le conoce como el animal de la luna.
Por último se determina en base a diversas investigaciones, que la cultura Chimú tiene los tejidos mas grandes hasta ahora encontrados en el Perú prehistorico. Por su tamaño se ha podido determinar que estas enormes telas de algodón en estado natural se usaban para cubrir muros. En este génerodestaca el que ilustra a unos personajes principales con unos prisioneros sujetos por una cuerda, encontrados en los terrenos de la hacienda Mocupe, dentro de una cámara cubierta con una losa de piedra. Este textil media aproximadamente 35 metros de largo en sus estado original y se señala que esto podría ser un acontecimiento mítico o arquetipo de esencial trascendencia para la cultura Chimú.
El hilado consiste en la práctica manual y elemental de unir un conjunto de hilos pequeños para poder lograr un hilo largo y continuo, en esta labor inicial de la textilería se utilizaron diversos instrumentos como el huso. El huso, es un instrumento manual confeccionado de una varita pequeña y delgada que generalmente se va adelgazando a ambos extremos; se lo emplea junto a un tortero o piruro que se inserta en la parte inferior para que haga contrapeso. Se empieza a hilar tomando de la rueca (donde se ha fijado la fibra que se va a hilar) algunas fibras que son fijadas en el huso que se lo hará girar rápidamente entre el pulgar, el cordial y el índice para lograr enrollar y torcer las fibras ininterrumpidas.
Cuando ya se había obtenido los hilos necesarios se empezaba el tejido. El entrecruzamiento o combinación de los hilos para hacer las telas.
Los Chimú confeccionaron telas, gasas, brocados, bordados, telas dobles, telas pintadas, etc. Algunas veces los textiles fueron adornados con plumas y placas de oro y plata, los colorantes se obtuvieron de ciertas plantas que contenían tanino, del molle y del nogal; de minerales como la arcilla ferruginosa y el mordiente de aluminio y de animales como la cochinilla. Las prendas se confeccionaron de la lana de cuatro animales; el guanaco, la llama, la alpaca, y la vicuña y de la planta de algodón nativo que crece en forma natural en siete colores diferentes. La vestimenta de los Chimú consistió en taparrabos, camisas sin mangas con o sin flecos, pequeños ponchos, túnicas, etc.
LAS  VESTIMENTAS
Dicha vestimenta estaba compuesta  de tres artículos principales: El Unku o camisa con mangas, un taparrabo y un llautu o turbante. También se encontraron binchas o bandas con extremidades bifurcadas que seguramente se usaban de adorno en la frente, recalcando que estas bandas eran hechas con la técnica del tapiz kelim y con figuras antropomórficas y zoomorfitas.




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La cultura Tiahuanaco, máxima expresión del antiguo pueblo aymara, surgió a orillas del lago Titicaca alrededor del año 200 a.C y se prolongo hasta el año 1000 de nuestra era. A pesar de haber dejado unos impresionantes restos arqueólogos, son pocas las investigaciones que se han llevado a cabo de manera sistemática en ellas.
Esta cultura estuvo ubicada a una altura de 3842 m.s.n.m. Por su carácter expansivo Tiahuanaco abarco territorios de Perú, Chile y Bolivia pero principalmente se desarrollo en el Altiplano Perú - boliviano.
Practicaban la agricultura, la caza y sobre todo la ganadería. Destacaron especialmente en la arquitectura y escultura, el monumento más conocido de la cultura Tiahuanaco es la Portada del Sol en el conjunto monumental de Kalasasaya, los Tiahuanaco alcanzaron también gran perfección en la arquitectura en piedra, lo que puede comprobarse especialmente en el templo de Pumapunku así mismo en la litoescultura, cuyo máximo exponente es el monolito de Ponce que representa a un jefe divinizado con sus atributos típicos: tocado cuadrangular, collar, un kero en las manos y una figura extraña, quizá un pututu o caracola utilizada como instrumento musical, lleva cinturón, tiene las piernas separadas, de la cabeza descienden trenzas y en su espalda hay tres rostros.
No se han encontrado sectores de habitación, por ello se cree que fue un importante Centro de Peregrinación. Mucho después de su abandono Tiahuanaco aun continuaba siendo un lugar de respeto. Hacia el 550 d.C. Tiahuanaco dejo de ser centro religioso y se convirtió en centro urbano. Era la época de convivencia i coexistencia pacífica con la Cultura Huaro.
De todos los aspectos de la sociedad Tiahuanaco, la religión fue uno de los más importantes. Un personaje divino se repite con frecuencia en la piedra y en la cerámica, es la figura central del la Portada del Sol. Su vinculación con los Chavín es innegable. Es la misma divinidad representativa en la Estela Raymondi, llamado Dios de las Varas. Esto mas la presencia del felino, el águila y otros elementos, sugiere que Tiahuanaco fue un renacimiento de la Cultura Chavín.
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Sabemos que la población no era significativamente distinta de la que identificamos en la época de los Mochicas, es decir unos mil años después, y es también evidente que eran mucho más numerosos que en períodos anteriores.

La arqueología nos muestra que todos los valles de la costa y la sierra fueron ocupados. Según los datos procedentes de los pescadores de Ancón y Supe, los agricultores de Lima, Cupisnique, Cajamarca, así como los de Chavín mismo, sabemos que al menos los serranos eran relativamente altos y fornidos, con hombres que llegaban a un promedio de 1,70 m de altura y mujeres alrededor de 1,60; algunos llegaban hasta el 1,80 m.

Según los restos de cráneos, los costeños eran de rostros redondeados, en tanto que los de Chavín los tenían más bien alargados; ambos con cráneos mesocéfalos.

Según los estudios en vigencia, los chavinenses tenían muchos problemas dentales, presumiblemente derivados de un fuerte consumo de carbohidratos, pese a que su alimentación estaba siempre asociada con el consumo de carne y pescado, además de mariscos.

Había una distribución irregular de alimentos, porque se nota que mientras que algunos restos muestran un buen desarrollo óseo, otros tienen osteoporosis avanzada desde muy temprano, lo que además se combina con diversas formas de reumatismo.

Como eran los hombres de Chavín

Hay tres tipos (hombre-mujer) de pobladores: los sacerdotes de Chavín, los peregrinos de diversas partes, con rango de sacerdotes, y la gente común. La diferencia entre el hombre y la mujer parece significativa, aun cuando el papel que el sexo femenino jugaba en la liturgia era muy importante; eso podría llegar hasta el punto que pudieran haber sacerdotisas mujeres. De hecho, casi todos los personajes sagrados que conocemos, presentan una versión femenina junto a la masculina.

Sacerdote principal:

Los principales sacerdotes de esta sociedad, conocedores de los fenómenos climáticos y ciclos agrícolas, llevaban ornamentos en oro e indumentarias que asemejaban a las de sus deidades.

Sacerdote: 

Los personajes encargados de organizar las ceremonias eran hombres especiales, parte de una tradición familiar y en gran medida dirigentes sociales.

 Escultor:

Probablemente los artesanos eran también personajes ricamente ataviados. Son numerosas las representaciones de hombres tatuados o pintados en el arte Chavín y Cupisnique.
  

La pintura facial es un rasgo característico de los hombres importantes. Las mujeres "nobles" , como la que estaba representada en un inmenso mural de Moxeke (Casma), y la gente común (incluso los varones) no usaban pintura facial.

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